Veritas Scriptum Est...
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OPINIÓN por: Lionel Ulloa Jr.
Que bonito… el país creyendo que
el matrimonio feliz había acabado, ¡pero no!,
- que va!.
Si Juan Carlos Varela y Ricardo
Martinelli las dos figuras representativas de cada bancada oficialista por los
partidos gobernantes de turno, parecen estar muy bien, para no decir otra cosa y no herir suceptibilidades politicas.
Bien, la Champion League quizás
no se sea asunto de estado, pero como seres humanos todos tenemos derechos a la
sana diversión, y quien como los grandes tener dinero, cruzar el Atlántico y
ver una final de “miembro” o de tal envergadura desde las mismas graderías del
estadio Wembley a ver una de las finales
más famosas de la UEFA.
¿Pero que con Panamá? – Cuando el
panameño se debate en la incertidumbre e inflación del costo de la vida diaria,
el circo político de los tránsfugas, el aumento del combustible, las
manifestaciones sociales al orden del día, etc, etc – La lista no termina ahí,
pero enumerar los males de mi país podría concluir en una serie y varios tomos
de revisión.
Sería bueno averiguar con que
fondos los mandatarios realizaron tal viaje incógnito, pues ninguno de los dos
anda limpio, pese a que el presidente Martinelli en campaña ofreció su salario
completo a obras de caridad, que cosquilla me dio semejante osadía, pues B/.
5,421.00 es una pequeña bicoca comparado con el banquete de tener una partida
discrecional millonaria abierta y ala carta dispuesta a ser pellizcada a su
antojo.
Pecar es fácil, pues decir todo
esto podría en caer en boca de santo y ningún santo me va respaldar si llego a
caer de un carcelazo por decir la verdad – No tengo de que Santo agarrarme –, ¡ah!, mas bien creo que nadie se acordó de la
bendita partida discrecional y que la donación del salario presidencial solo
fue una pequeña bombita de humo del que nadie se percato. Eso pasa, no se
preocupen… Somos panameños y peor que eso tenemos la virtud de pasar por alto
ciertas cosas imperceptibles a simple vista.
Bueno, el producto de la
deficiencia de retención de nuestra capacidad craneal para recordar ciertas
cosas, tiene como resultado este tipo de eventualidades discrepantes con
nuestros gobernantes de turno. He allí el dilema.
